Diálogos y Kabalah
Revista de Arte Abrí, año 6 nº 67
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junio 2008
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-Camine y caminé ya sin saber exactamente porqué el paisaje cambiaba constantemente. A medida que me adentraba en lo que entonces era un matorral los distintos olores y sonidos parecían ser más agudos. Parecía percibir el suave gorgojeo de un pájaro o el pequeño brote empujando por salir o las formas de la brisa.
-Veo que fue cálido.
-Sí, pero difícil permanecer sin lanzar las mil y una conjeturas del porqué estaba ahí, de qué era lo real y qué no. Permanecer en silencio era lo más difícil.
-Digamos que ésa era la tarea.
-Yo pensé que la tarea era encontrarme con alguien importante.
-¿Y viste a ese alguien importante?
-Había alguien a un costado trabajando con la tierra, para mí sólo formaba parte del paisaje. Después de un tiempo me acerqué y le pregunté.
-Señor: ¿ha visto a alguien que buscaba a alguien como yo?
-He visto a alguien, pero no sé si lo buscaba precisamente a usted. -Me dijo sin detener sus manos en la tierra.
-¿Y cómo era?- Le insistí, pero sólo respondió encogiendo los hombros, como sin saberlo.
-¿Y entonces?
-Me senté en una roca a esperar…y esperé largo tiempo hasta que me quedé dormido. Cuando desperté el sol ya había caído casi por completo, vi a lo lejos al hombre lavando su rostro en un pequeño lago que no había visto antes. No sé porqué corrí hacia él.
-¿Lo ha visto? ¿Cómo era? Volví a preguntar.
Me invitó a que lo acompañara, me arrodillé a su lado y llevó mi cuerpo hacia el reflejo del agua y al tiempo que asomé mi rostro la blanca luna hizo más claro el reflejo en el agua.
-Ahí está: ése es a quién buscas.
Nos miramos en el agua, descubrí sus enormes ojos por primera vez, sonrió y se fue. Permanecí en silencio largo tiempo; tanto que perdí la noción del mismísimo tiempo, del mismísimo espacio.
-Hermoso viaje. ¿Vas a volver?
-Creo que sí, creo que no me fui.
-Perdón…y la persona importante…¿La encontraste? (Los dos ríen.)

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Kabalah

Para empezar está bien saber qué es lo que no se quiere. Qué no. Uno observa todo lo que hay en el mundo circundante y va eligiendo como en góndola: ésto sí, ésto no. Y ahí surge el primer atisbo de libertad.
Pero la verdadera libertad surgirá cuando pueda aceptar todo lo existente y de todas maneras pretenda conformarme solamente con mi idea de lo que sí quiero; aquello que aun no existe; que no está en la góndola, que espera ser creado y que yo debo crear.
Entonces la vida empieza a transcurrir en la creación del ideal. Y en este devenir es donde la libertad es percibida por todos los sentidos.
En el primer acto de negación de lo que no se quiere puede encontrarse un camino transversal, una posibilidad de correrse desde el árbol del bien y del mal, al árbol de la vida. Por comer los frutos del árbol del bien y del mal, allá en nuestra tierna infancia, hemos sido expulsados del Edén. Y solamente podremos vivenciar lo que es el Jardín del Edén cuando probemos los frutos del Árbol de la Vida. En el Árbol del Bien y del Mal, está eso: el bien y el mal. En el árbol de la Vida está el transcurrir eterno del error a la perfección; del caos al cosmos; del defecto a la virtud.
La vivencia de la libertad sólo es posible desde el Árbol de la Vida.

 

Elio Kohaj

msn: eliokohaj@abri.com.ar

 

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