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nota 1
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Crónicas Callejeras
Estábamos en la calle haciendo nuestro trabajo diario. Tangos de los de siempre, los que sabemos todos, a la espera de la identificación del otro en esa Buenos Aires inhóspita y acogedora.
Un día igual a los otros, como suele suceder en las ocasiones extrañas y que dan de pensar, un vals fue cantado. Pero no cantado por un transeúnte distraído al que le es robado su canto privado, como si lo pescaran in fraganti, como si se le escapara en ese sintonizar musical robado del subconsciente... Ni por la señora que pone su mejor cara de cantante de ópera y se suma al espectáculo.
No: lo cantaban con nosotros, los que pasaban, lo cantaban para cada uno como si abrieran un vendaval de recuerdos y expresividad propia y los compartieran con nosotros, como nosotros lo compartíamos con ellos...
Señoras, Señores, muchachos y muchachas entonaban al pasar "Pedacito de Cielo" y dejaban picando ahí preguntas que no sé contestarme.
Tanto pibe joven cantaba por ahí... ¿Pero cómo? ¿Y su música? Porque uno siendo joven se vuelca al tango y se sabe un bicho poco común, que la música que suena por todos lados es otra.
¿Será que el tango está de moda? No me alcanza como respuesta, porque hay un estado que alcanzar para llegar al tango, un estado que la moda no puede imponer... Algún gil podrá bailar su propio mambo sin escuchar lo que suena, pero no aprender una letra... digo yo.
¿Será que esa música que suena, esa música globalizada no puede reinar ya cómoda? ¿Será que las opciones que da la música de hoy no sacian la búsqueda? ¿Será que finalmente comprendemos que nunca lo hizo? Bueno, creo que eso es más un deseo que una presunción... Pero sí, pero también, la música fresquita de los escaparates del Top 40 del mes está dejando huecos, fisuras, grietas... está dejando abierta la puerta para que finalmente pueda colarse el encuentro con el ser, que será tango o será como se llame... en esa espera, en esa búsqueda andamos nosotros y soñé, creí, aposté, a que también andaban ellos...
Paula Hornak
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Reciclando
Hoy les traemos para compartir un clásico: "Los Mareados" en una versión deliciosa; la de Pugliese. No más que para compartirla y recordarla juntos, y para disfrutar de una de las virtudes que tiene la recreación cuando se vuelve una creación en sí misma.
Notarán que nadie canta... lo cual es un hallazgo: por un lado uno no puede dejar de querer cantar sobre la música, pero el silencio de la voz hace que pueda llenarse de un dramatismo distinto al que le ha puesto tradicionalmente el cantor...
Entonces escucho que los diálogos y los ecos que pueblan la primera parte van empezando a contar el cuento, van poblando de sensaciones el tema, van preparando el terreno para que uno vaya dialogando después con las propias sensaciones cuando siga la orquesta. Para que vaya uno charlando en esa charla para la que nunca tenemos tiempo... la postergada charla con nosotros mismos...
Animarse a escucharlo como por primera vez abre la posibilidad de descubrir y de descubrirse como cuando te cabecean, el tipo te seduce para sacarte a bailar el alma... y encima te pide que participes.
Y va uno desgarrándose en un dolor hermoso, si cabe la expresión, y vienen los golpes de bandoneón a destrozarle a uno alegremente la apertura que cedió.
Y el caradura vuelve a pedirte que lo acompañes, y confiado va uno y pasa otra vez. Pero uno no aprende, gracias a Dios...
Y una dulzura única te dice "hoy vas a entrar en mi pasado", el maestro con su piano lo dice despacito con millones de notas pero despacito, el dolor de la despedida dulce y profunda como nunca lo había escuchado.... se reabre en los violines.
Y queda como suspendido en esas notas largas y eternas, queda uno flotando de tanto traqueteo. Para que el piano y los violines te ataquen otra vez.
A lo mejor entiendo a mi abuelo que trenzaba los chinchulines del domingo metido en la nube dulce de la púa machacando, entiendo el sinónimo de las sensaciones del hombre aquél y de las mías y las del maestro que nos hizo comunicarnos con un delay de 25 años.
A lo mejor hay más puentes para que se entienda la gente, y honro aquí al que construyó éste y tantos otros.

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Hoydía / Uydió
Si uno quiere acercarse al tango hoy en día, puede hacerlo desde muchos ángulos... hace no tantos años, 20, 25, podía uno acercarse a los viejos referentes y preguntar cómo lo hicieron, averiguar por el barrio dónde estaba el club que seguía con la milonga y ver a algunos pocos jóvenes dando los primeros pasos y a los viejos de siempre sacándole viruta al piso, si estaban. Rasquetear de los recuerdos los discos viejos y adivinar detrás de sus gastaduras cómo podría haber sido su época de oro. Rastrear cantores u orquestas viejas o ver los últimos años del maestro ya con dificultades.
Hoy el tango es accesible al turista y al de acá. Y deja su huella en los lugares del mundo donde pasa. Las grabaciones se fueron remasterizando y la gloria se escucha fácilmente, no puede mentirse. Pueden conseguirse temas en la red a roletes, versiones perdidas, y cada dos baldosas hay una milonga que no se esconde si no que se pavonea.
¿Revivió? ¿Cómo que me fui? ¡Si yo siempre estoy volviendo!!
Y en ese resucitar, o más bien, florecer, el tango se vuelve accesible como no lo fue nunca. El tango pierde elitismo y acepta a regañadientes que lo toquen y lo toqueteen y lo reinterpreten de mil maneras. Que lo fundan con la cumbia o el merengue, que le tiñan el pelo... Y, graciadió, el tango se empeña en hacerse visible, en ser visto a través de los errores de los que buscan...
Así, encontraremos profesores de baile de todos los colores y estéticas: tango tai chi, tango baldosero, tango de este barrio o de otro, tango quisilió...
Y con eso miles de formas de entenderlo, de sentirlo y de bailarlo... A contrapelo, a despecho, a contraste, quizás de los viejos que decían o dicen “se hace así” o “se hace asá!” y de no tan viejos poseedores de la verdad verdadera, único reducto mío donde están las respuestas.
Así, el camino de la danza del tango está lleno de aprovechadores y chantas, como en todos lados, sentí esto o sentí aquello, el eje- la postura - la velocidad - el punto g - la puntaelpie - el cotiledón pericoridal... Pero, digámoslo aquí, no más que en el teatro o en los instrumentos o el canto...
Y así también está lleno de posibilidades: porque está hoy claro que no hay una manera de hacer las cosas, que no existe lo que está bien, eso establecido indiscutible...
Podrá haber un jurado de la oficialidad que debata y disponga lo esperable lo correcto lo técnico, todo disfrazado de artístico y en nombre de lo que se consagró en tiempos de otros modelos... Y premie y castigue acorde a las reglas que, digámoslo de una vez, no son inmutables y cambiarán según a quién le soplen la nuca los vientos de la oficialidad.
Como siempre, lo que pasa en serio es un misterio insondable, sólo aclarado por quien deja, permite que el tango haga su tarea en el mágico encuentro de almas... De eso no pueden escribirse reglas, graciadió. Y que cada uno haga su trabajo para descubrirlo.
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tango@abri.com.ar
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